Por la abolición de la pena de muerte (bis)

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13 junio, 2013 por CLARA MARTÍNEZ NOGUÉS

¡Buenas tardes de nuevo!

Después de la entrada de ayer, quedé con una amiga de toda la vida para tomarnos un vino, y mientras charlábamos, comentamos un poco el tema en cuestión. A raíz de la conversación, me di cuenta de que tal vez me había dejado cosas en el tintero, ya que me limité a abogar por la abolición, y más tarde respondí a un comentario, pero realmente no dije porqué pienso que no debe existir, así que ¡ahí va!

Cuando reflexiono sobre la pena capital, pienso en qué fin se persigue con la imposición de una pena así. La respuesta parece bastante clara: hacer JUSTICIA. Sí.. justicia.. maravillosa palabra. Es tan maravillosa que no acabo de ver lo que realmente es la justicia. Pensaréis que se trata, en este caso, de hacerle al delincuente lo mismo que ha hecho él a su víctima, y todos en paz. Pues no.. creo que no. No soy delincuente, y por ende, difícilmente puedo ponerme en su mente, pero la experiencia me dice que el que tiene voluntad de matar, no se siente intimidado por la consecuencia. De hecho, es una de las cosas que seguramente ha valorado antes de ejecutar su acción. Por lo tanto, la finalidad preventiva de la pena parece que -en general y posiblemente habrá excepciones, no lo niego – no opera en casos en los que está prevista la pena de muerte. Entonces, nos quedaría el fin retribuicionista. Castigar por lo que se ha hecho. Pero, por mucho que se le quite la vida al delincuente, ¿se le devuelve la vida a la víctima? La respuesta es NO. De hecho, lo que hacemos a ponernos a su nivel. La Ley del Talión, el ojo por ojo.. Algo antiguo, desfasado.. en conclusión: inútil. El castigo que supone quitarle le vida a alguien puede ser efectivo, como castigo tendente a “amedrentar” al delincuente durante el tiempo que el sujeto esté en el corredor de la muerte, por aquello del no saber cuándo llegará el día, etc. Pero por otro lado, una vez ejecutado, ¿qué? Todo ha quedado igual. Y además, el Estado ha corrido con el gasto que ha supuesto mantener al interno durante tantos años, para finalmente aniquilarlo con una inyección.. No sé, no me convence, lo siento.

Las teorías retribuicionistas se basan en una idea ético religiosa de la moral, del bien y el mal, y en mi humilde opinión, en la sociedad que vivimos hoy en día, todo esto está superado.

Cuando escribo y reflexiono sobre temas penales, sobretodo en asuntos como este, tenéis que tener presente que lo hago desde la visión más jurídica, como abogada, como defensora de derechos. Me abstraigo de cualquier sentimiento o moral propios. No escribo pensando en el “si esto me pasara a mí” o el “yo haría tal”.

Sentado cuanto antecede, y para finalizar, tampoco estoy de acuerdo con la cadena perpetua porque, en mi opinión, las penas deberían tender, como ideal, a la reeducación y reinserción del delincuente. Hoy en día no funciona en muchos casos, o al menos, esos son los más sonados. Sí que pienso, por otro lado, que el cumplimiento de las penas debería ser íntegro. Es decir, al que condenen a prisión por tiempo de 20 años, que cumpla efectivamente 20 años, sin permisos, y sin beneficios penitenciarios.

Saludos!!

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